Una Novata En Un — Cuento De Hadas
Elara se quedó petrificada. No era el hecho de que la flor hablara lo que la desconcertaba —había leído suficientes libros para esperar eso—, sino que no sabía cuál era el protocolo. ¿Debía inclinarse? ¿Debía ofrecer agua? —Lo siento mucho —logró decir—. Soy nueva aquí.
La bruja sonrió, y por un momento, sus ojos reflejaron constelaciones enteras. Una novata en un cuento de hadas
—Porque todos los cuentos necesitan un punto de vista externo para no volverse locos —dijo la bruja, lanzándole un calcetín de rayas—. Tu trabajo es simple: no intentes entender el "porqué". Aquí las cosas no pasan porque tengan sentido, pasan porque son hermosas, terribles o rítmicas. Elara se quedó petrificada
—Ganas el derecho a no ser el personaje principal —susurró—. Ganas la libertad de observar el milagro sin tener que salvar el reino. Es el mejor papel de todos. ¿Debía ofrecer agua
Era la primera vez que Elara pisaba un suelo que no obedecía a la gravedad, sino a las rimas. Al cruzar el umbral del viejo roble en el jardín de su abuela, no cayó en un agujero, sino que aterrizó suavemente sobre un campo de margaritas que pedían perdón cada vez que ella las pisaba.